El trastorno de personalidad paranoide, según el manual de psicopatología, se caracteriza por desconfianza y suspicacia generales, los cuales comienzan al inicio de la edad adulta, de forma que las intenciones de los demás son interpretadas como maliciosas y son dadas en diferentes contextos.
El sujeto piensa que los otros se aprovecharan de él, le harán daño o lo engañarán. Igualmente existe preocupación o dudas no justificadas de la lealtad de los amigos y socios, temor a confiar en los demás, interpretaciones negativas de las situaciones, guardar rencor durante mucho tiempo, percepción de ataques constantes de las otras personas y sospecha repetida e injustificada acerca de la infidelidad de su pareja.
Un rasgo fundamental de esta patología es que no aparece en el transcurso de una esquizofrenia, un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos u otro tipo de trastornos psicóticos, y no son debido a los efectos fisiológicos de una enfermedad médica o del consumo de alguna sustancia alucinógena.
La persona con trastorno de personalidad paranoide muestra hostilidad hacia los otros, algo que toma forma en acciones como discutir demasiado, quejarse o quedarse callado. Con frecuencia se muestra tenso y llama la atención cuando siente que los demás no lo tienen en cuenta.
Una peculiaridad del trastorno de personalidad paranoide es que los sujetos que lo padecen, tienen una tendencia significativa a no manifestar sus emociones ante los demás, aunque si las experimenten, puesto que sienten miedo que los otros los perciban vulnerables y se aprovechen.
El trastorno de personalidad paranoide tiene cinco subtipos: Trastorno paranoide fanático –conjunción de rasgos paranoides y narcisistas-, trastorno paranoide maligno –presentación simultánea de rasgos paranoicos y sádicos-, trastorno paranoico obstinado –asociación de paranoia y compulsividad-, trastorno paranoico querulante –asociación de comportamientos paranoicos y negativistas-, trastorno paranoico aislado –unión de paranoia y evitación-.
Existen algunas investigaciones que afirman que este trastorno se asocia con personas que tienen familiares con esquizofrenia. Otros estudios señalan que las raíces de la personalidad paranoide se encuentra en la educación primaria puesto que los padres enseñan a sus hijos que deben tener cuidado de no cometer errores, inculcándoles que son diferentes a los demás. De esta manera, los niños aprenden a observar signos acerca que las demás personas son maliciosas y engañan. También se ha asociado este trastorno con abuso emocional y/o físico, y victimización en la infancia.
La persona con este tipo de trastorno no acepta su patología y acuden a un especialista de la salud mental por imposición de un tercero –padres, pareja…-, lo cual dificulta que este sujeto se involucre emocionalmente en su tratamiento y en la búsqueda de soluciones a su problemática.
Además de esto, el hecho que las personas con trastorno de personalidad paranoide, desconfíen de la mayor parte de la humanidad, hace poco probable que ellos busquen ayuda profesional cuando lo necesitan, y si lo hacen, tendrán dificultades para desarrollar relaciones de confianza necesarias para un proceso terapéutico con resultados efectivos.
Aun así, los terapeutas intentan ofrecer una atmósfera de confianza que permite formar un ambiente de confianza dentro del proceso. Estas terapias se han esforzado en contrarrestar las suposiciones hacia los demás, las cuales no tienen bases objetivas.
Estadísticamente, se estima que entre 2,3 y 4,4% de la población de Estados Unidos, tiene trastorno de personalidad paranoide. Algunos hallazgos afirman que esta disfuncionalidad emocional ocurre en mayor cantidad en el sexo masculino que en femenino.
La mayor parte de las veces, el trastorno de personalidad paranoide sucede acompañado de otras patología como trastorno de ansiedad, trastorno de estrés postraumático y algunos trastornos de la personalidad como el limítrofe o el narcisista.