Trastornos alimenticios del adolescente.

Como consecuencia del desarrollo de las hormonas sexuales, lo corporal adquiere un significativo valor en la adolescencia. Para el sujeto que se encuentra en esta etapa de desarrollo, lucir atractivo, tanto para el sexo contrario como para el propio, es la principal razón por la cual siente que será aceptado y se podrá integrar con el grupo de pares.

Desde el punto de vista biológico, provocar encanto se asocia con la posibilidad de engendrar un hijo en óptimas condiciones y ejercer un proceso de crianza efectivo –En las mujeres, caderas grandes para un parto sin complicaciones, senos grandes para ejercer una lactancia adecuada con el bebé y aparato musculo-esquelético junto con motricidad adecuada para defender a su hijo de peligros externos, y seguirlo en sus actividades de exploración del medio ambiente. En los hombres, musculatura y motricidad suficientemente desarrollada para la defensa ante ataques externos, la construcción de vivienda, la consecución de alimento..-.

A pesar de esta significación biológica, los ideales culturales también tienen la posibilidad de ejercer una gran influencia sobre el concepto de belleza. Ideales que en algunas ocasiones son parecidos a los biológicos y en otras situaciones son muy diferentes a ellos.

Hace muchos años, la cultura ha definido que un cuerpo femenino bello se caracteriza por la delgadez extrema. A pesar de este prototipo de mujer “perfecta”, en algunas regiones se ha admitido la idea que esta escualidez puede estar acompañada de senos y nalgas prominentes.

Es tanta la exigencia de este modelo, que la mayor parte de los adolescentes, debido a su contextura, metabolismo…, no pueden alcanzarlo de una manera sana, teniendo que ejecutar acciones disfuncionales como las definidas en los trastornos alimenticios –conteo de calorías en cada comida, utilización de diuréticos y laxantes, vómito autoinducido después de las comidas, imagen corporal distorsionada, ejercicio extremo, no comer durante largos períodos de tiempo…-.

En el momento en que el ideal cultural cobra mayor fuerza que los comportamientos de auto cuidado, es porque el adolescente no tiene vínculos afectivos funcionales con él mismo. Este púber maltrata su cuerpo, llevándolo hasta el límite, en su deseo por lograr la aceptación de otro.

Otro que en el presente son sus pares, pero en el pasado fueron sus figuras parentales, con quienes han tenido unas relaciones afectivas dañinas. De esta forma, el hijo tiene una autoestima desestructurada, incapaz de soportar las presiones del entorno.

Los vínculos dañinos que el hijo tiene con él mismo, ha provocado que el menor conceda demasiada energía a su parte corporal, connotando esta parte como aquella que da sentido a su existencia, y la única que provoca la atención de los demás incluida su familia.

Adicionalmente, la aparición de un trastorno alimenticio puede significar que el adolescente tiene un lazo afectivo disfuncional con el alimento y con los procesos de deglución o evacuación de este. Lazo adquirido por las características de la interacción entre madre e hijo durante la primera infancia.

En los casos que el adolescente tenga un trastorno alimenticio, los padres deben introducir a su hijo en un proceso terapéutico que pueda descubrir la naturaleza de los vínculos afectivos disfuncionales entre padres e hijo, lo cual permitió que el hijo  solo se sintiera deseado a través de su cuerpo y los logros con su parte corporal, lo mismo que obtuviera ganancia de procesos insanos referente a la deglución y evacuación de alimento.

Además de este proceso terapéutico, también se hace necesario la intervención de otros profesionales como nutricionista para que enseñe tanto al adolescente como a su grupo familiar hábitos alimenticios sanos, profesionales del deporte que puedan crear comportamientos deportivos saludables, psiquiatría para un manejo farmacológico en caso que el trastorno alimenticio se haya convertido en algo incapacitante para el adolescente…

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