
El síndrome del nido vacío es una sensación de tristeza y soledad que los padres tienen cuando sus hijos abandonan el hogar o por lo menos se encuentran en proceso de hacerlo. Muchas veces este fenómeno no solo se produce cuando los hijos cambian su lugar de residencia, sino que empieza cuando los descendientes dejan de pasar tiempo con sus padres y lo dedican a otras actividades –estudio, salida con sus amigos, tiempo de pareja..-
De esta manera, este síndrome esta muy relacionado con la ausencia corporal de su hijo, pero también se encuentra asociado a la falta psicológica que deja cuando el ahora preadolescente, adolescente, adulto joven o adulto mayor de 25 años, aunque conviva con sus padres, se encuentra inmerso en otro tipo de acciones, apartándose paulatinamente de sus figuras parentales en su proceso de adquisición de una identidad social, individual y de pareja, para posteriormente conseguir una independencia física y monetaria.
Muchos padres inician a sentir estas emociones negativas a finales de la década de los treinta. La mayor parte lo hace después que ha cumplido los cuarenta años. Por esta razón, el nido vacío se convierte en otra temática que puede generar crisis, además de las que ocurren por los cambios físicos, los excesos de compromisos, las dificultades para los procesos adaptativos.. –crisis que se explicaron en escritos anteriores-.
La intensidad del efecto del nido vacío sobre el padre, la madre o la pareja de figuras parentales, depende de la funcionalidad del vínculo afectivo que haya tenido con su hijo y de las características del lazo emocional que tenga consigo mismo y/o con su pareja.
Si el sujeto tiene una relación estructurada y equilibrada consigo mismo, esta persona no basa únicamente su autoestima en compartir la mayor parte de las actividades con sus hijos, y en que ellos lo necesiten para solucionar sus inconvenientes.
Este padre/madre siente la amargura y/o tristeza cuando sus hijos comienzan el camino del alejamiento, pero pueden asimilarla emocionalmente y reponerse a ella puesto que su autoconcepto se basa en ser sujetos con fortalezas, debilidades, alegrías, tristezas, amistades, motivaciones… propias, y no solo referidas a ser padres.
En el proceso de crecimiento de su hijo, los padres no se han olvidado de su mismisidad, por lo cual no descuidaron significativamente sus espacios de introspección con ellos mismos, la práctica de actividades deportivas, culturales, ocio o de desarrollo personal, así como tampoco dejaron que la totalidad de sus ingresos fueran para sus hijos, dedicando parte de estos a pagar algunos gustos o actividades placenteras.
Caso contrario acontece, cuando el sentido de la existencia de los padres son los hijos. Ellos son papá y/o mamá cuya totalidad de actuaciones se encuentran encaminadas hacia ellos –hijos-, olvidándose de sí mismos, de tal manera que cuando los hijos reducen su tiempo con ellos, los adultos no saben que hacer, entrando en procesos depresivos. El nido vacío hace sentir literalmente vacío a los padres.
De la misma forma que ocurre a nivel unitario, también pasa a nivel de pareja. En este caso, si la pareja se autodefine solamente como padres, y no han cultivado su vínculo de personas enamoradas que se aman, la época del nido vacío puede ser devastadora para ellos puesto que descuidaron completamente su relación, y algunas parejas no desean tener cosas en común distintas a los hijos.
En este caso existe una autoestima colectiva totalmente fracturada, basando su convivencia solamente en alianzas por fuera del vínculo de pareja. A pesar de esto, muchas de estas uniones no se separan puesto que ambos miembros comparten esas emociones negativas que da el nido vacío, y se puede comprender y consolar, pudiendo llegar o no a algún tipo de encuentro sexual o vínculo afectivo de forma esporádica.
Otra cosa ocurre si la pareja reconoce su lugar de padres pero han aumentado su vínculo afectivo a través del tiempo, mediante el cultivo cotidiano. Cuando el hijo parte o lo hace paulatinamente, ellos sienten nostalgia, tristeza…momentánea, pero la pueden superar puesto que tienen herramientas como conjunto para hacerlo.
Por otra parte, acerca de la funcionalidad del vínculo entre los padres y el hijo, el nido vacío se puede asimilar mejor por figuras parentales que hayan tenido vínculos sanos con sus hijos y que no hayan hecho con ellos algún tipo de alianza patológica.
En caso que los adultos no hayan servido de soporte emocional adecuado a sus hijos, puesto que, entre otras cosas, se comportaron como amigos o como personas que se encuentran en el mismo nivel de jerarquía, lo cual implica alianzas inadecuadas, los padres pueden tener emociones negativas muy fuertes con la situación del nido vacío, de las cuales es muy difícil recuperarse.
El proceso de la ocurrencia del nido vacío tiene la capacidad de acrecentar disfuncionalidades emocionales en aquellos padres que al basar su estabilidad y estructuración psicológica en la presencia y convivencia con sus hijos, caen en procesos de tristeza o depresivos, por lo cual necesitan un escucha terapéutica.