Escasas acciones de los adultos mayores de 25 años para lograr el equilibrio y/o crecimiento emocional.

Tal como se ha informado en escritos anteriores, los adultos que tienen entre 25 y 40 años, encaminan sus energías a solucionar cuatro tipos de crisis: la consecución de la estabilidad laboral, independencia monetaria de los padres y/o adquisición de ciertas capacidades económicas, relación sólida de pareja y la referida a la planeación acerca de su descendencia.

Crisis que han sido estimuladas por el sistema socio-cultural, quienes por medio de la familia, amigos, organizaciones…., presionan al individuo para que este consiga determinados logros, de acuerdo a uno estereotipos sociales, sin respetar la singularidad de cada sujeto.

Dicho pensar colectivo, que puede producir miedo o ansiedad  moderada, llegando algunas veces a ataques de pánico o ansiedad,  promueve que los individuos centren solamente sus esfuerzos en estas temáticas, olvidando otras referidas en desarrollar competencias que permitan el equilibrio y/o crecimiento emocional.

Dichas competencias pueden florecer de forma más efectiva cuando el sujeto hace parte de un proceso terapéutico, puesto que este es un espacio en el cual se indaga las situaciones presentes mediante la resignificación del contenido manifiesto y latente del pasado, permitiendo su asimilación emocional y la posterior búsqueda de soluciones. Todos estos objetivos solo son posibles a través de la dinámica transferencial.

La transferencia es un fenómeno que implica que el sujeto otorga determinada energía a una persona del presente con la cual socializa o sostiene una relación, energía similar a la que mantuvo en el pasado con sus figuras parentales. De esta forma, el vínculo afectivo de los primeros años se conserva, reproduciéndose con un tercero en un tiempo actual.

Una relación de transferencia positiva entre el terapeuta y el paciente, permite a este último tener confianza en las retroalimentaciones del primero, y confianza en que el profesional tendrá una actitud continente y lo podrá acompañar en el proceso de descubrimiento de quien es él y el posterior crecimiento personal.

Desde mi perspectiva, la forma más adecuada de conseguir resultados positivos en todos los niveles, son los procesos terapéuticos individuales o colectivos. Sin embargo, la cultura no ha dado la suficiente importancia al desarrollo psicológico para catalogar la esencialidad de este tipo de procesos.

Así como no se ha significado la importancia de estos procesos, la cultura tampoco ha definido la introspección individual y sin direccionamiento profesional, como un aspecto que merece igual o más atención que aquellos generados por las crisis anteriormente mencionadas, puesto que esta introspección permite la focalización sobre el sí mismo –pensamientos, emociones, sentimientos…- para adquirir herramientas que posibiliten  solucionar las crisis presentes y futuras.

Ante esta concepción cultural que no le da importancia a los aspectos introspectivos, y que por esa razón, los adultos no han interiorizado, ocurren unas pocas excepciones asociadas con algunas acciones de departamentos de talento humano de empresas grandes, o con el reconocimiento de ciertos profesionales que ofrecen servicios de coaching o sanación, algo que puede conducir a determinados procesos individuales pero que no son el camino adecuado para lograr el conocimiento de la verdad de cada persona.

En este punto, es posible aportar acerca que los comportamientos referidos al cuestionamiento constante de los aspectos psicológicos del sí mismo, es un proceso que las figuras parentales deben instar y exigir desde que su hijo se encuentra en la primera infancia, a la vez que requieren ejecutarlo ellos mismos y mostrarle a su hijo como hacerlo, con el objetivo que el pequeño tenga herramientas suficientes para aprender aquello que ha observado.

Adicionalmente, estas figuras han de recalcar a su hijo, en todas sus etapas de la vida, especialmente aquellas en que se convierten en solo orientadores –después de los 18 años, y más aún, por encima de los 25 años- que cualquier crisis o aspecto que se tenga que solucionar, necesita tener como base un encuentro consigo mismo. Introspección que idealmente sea terapéutica como se dijo anteriormente.

Si las figuras parentales recalcan desde el inicio de la vida de su hijo en este tópico, el descendiente podrá saber definirse como persona y saber que herramientas tiene para afrontar inconvenientes antes que estos se conviertan en algo desestabilizador, lo mismo que podrá conocer sus debilidades para trabajar en el mejoramiento de estas.

Con esta formación, las figuras parentales pueden compensar la escasa atención que ofrece la cultura respecto de las necesidades emocionales, lo cual permitirá significar los conflictos de cada edad, no como crisis sino como una oportunidad de aprendizaje.

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