Parejas que quieren conservarse pegadas la totalidad del tiempo.

El enamoramiento es la primera etapa del amor de pareja. Tiempo en que los dos miembros están absortos con la presencia de la otra persona o con solo el pensamiento alrededor de ella. Lapso en que la variable tiempo es un espejismo, puesto que los instantes sin el objeto amado se vuelven eternos mientras que los momentos en que están juntos pasan de forma muy acelerada.

El enamoramiento asemeja a una situación en que los dos miembros se quieren fusionar entre ellos, sin separación, tal como ocurrió en el vínculo afectivo del hijo/a con su madre durante el primer año de vida. Vinculo totalitario y dependiente el uno del otro, sin distanciamiento.

El camino sano del vínculo de pareja es que cada uno de sus miembros se independiza paulatinamente de esa relación demasiado cercana con el otro, hasta que esta se convierte en funcional –Los dos se nutren, aman y confían entre ellos, hasta tal punto que no necesitan un pensamiento o interacción tan continua con el otro como para interferir en su individualidad, respetando y estimulando que cada cual tenga su propio espacio.-.

Empero, algunas personas de la pareja, o algunos colectivos en su totalidad, se quedan fijados en la necesidad de la relación fusional, no desarrollando sus vínculos amorosos hacía la armonía de un sentimiento saludable, lo cual puede estar ligado con formas infantiles de interacción como celos intensificados, poca tolerancia a la frustración ante la no presencia o atención del otro, desequilibrio emocional con la ausencia…

En el momento en que un miembro de la pareja o los dos se comportan con su pareja como si hubieran quedado fijados del enlace fusional con su madre, después de la etapa del enamoramiento, la relación se transforma en algo tóxico, puesto que tanta dependencia emocional destruye en vez de construir.

La toxicidad se define como lo dañado y que tiene capacidad para hacerlo con el otro. El hecho que un individuo se haya quedado fijado a esa relación fusional madre e hijo, dada en los doce primeros meses de vida, puede significar  que busca en sus interacciones futuras, especialmente las de pareja, repetir aquella relación sin ninguna clase de distanciamiento.

El deseo de repetición produce que la pareja se valore o se pretenda valorar con unas expectativas disfuncionales y desmedidas, o produce que este vínculo afectivo se encuentre cargado en un nivel tan alto de miedo por lo que puede pasar.

De esta forma, el sujeto que se sostiene o tiene la necesidad de tener un vínculo de pareja de características tóxicas ligada al poco espacio que existe entre los dos miembros, ejecuta esta acción para repetir el lazo afectivo con su primer objeto de amor, o a su fantasía alrededor de ese vínculo afectivo. Lazo afectivo que en un momento determinado fue funcional pero se convirtió en algo nocivo al quedarse fijado en él y querer repetirlo en sus relaciones futuras.

Permanecer fijado al vínculo fusional con la madre, por lo cual se quiere repetir, ocurre en relaciones cuyos miembros, también,  han tenido inconvenientes con el tema en la interiorización de la norma social, del tal manera que esa necesidad por estar pegado a la otra persona, no se encuentra debilitada por un deber ser y tampoco por el convencimiento afectivo que esa manera de conducta puede perjudicar tanto su integridad como la del otro.

Las parejas o los individuos con dinámicas de pareja asociadas con este tipo de toxicidad, se caracterizan por: señalar constantemente los errores del otro o la relación junto a la necesidad de seguir juntos por esa razón, recuerdo constante de todas las experiencias que han vivido los dos y lo que extrañarían eso en caso de una ruptura, utilización del chantaje emocional –si no haces esto o si no te quedas este tiempo conmigo, estaré tan afectada que puedo hacer algo sin pensar-, manipulación y deseo de control constante, celos acentuados, perdida de privacidad, exige constantemente retribuciones por favores, planificación constante de la vida del otro…

Los seis tipos de colusiones explicadas anteriormente en este blog – sumiso-dominante, dependiente, narcisista, psicosomática, edipica y borderline -, tienen la capacidad de volverse tóxicas en caso que sean muy intensas y en caso que no exista cambio de papeles entre los miembros de la pareja.

Una forma de evitar sumergirse en un vínculo afectivo de este tipo –tóxico- es, antes de decidir formar una pareja,  tener claridad sobre sí mismo y sobre lo que desea para posteriormente poder analizar al otro en sus rasgos manifiestos y latentes y prever, con esos dos análisis –el propio y el del otro-, como podría ser el lazo afectivo entre los dos. Análisis de la otra persona que se ejecutará cuando el enamoramiento haya pasado, antes de pensar en la posibilidad de una convivencia.

En caso que se encuentre dentro de un vínculo tóxico de esta naturaleza –con necesidad por la relación sin distanciamiento físico y/o emocional-, es necesario acudir a un proceso psicológico individual y de pareja, el cual permite descubrir cuales son las ganancias de esos comportamientos, y permita conocer su historia, asimilarla emocionalmente y crear planes de mejoramiento para sus actos disfuncionales.

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