El narcisismo en la adolescencia se caracteriza por necesidad de admiración constante, falta de empatía, sentimiento de grandiosidad, vínculos afectivos con personas que considera inferiores, sentimientos de envidia hacia otros al igual que creencia que los otros lo envidian, aprovechamiento de los demás para conseguir sus fines, sobrevaloración de sí mismo escondiendo una baja autoestima, baja tolerancia a la frustración, sentimiento acerca que requiere atención especial.
Depositar la energía en sí mismo, es un proceso necesario en el desarrollo individual puesto que permite conseguir una autoestima estructurada y equilibrada, y con ello, conseguir metas, adaptarse de manera funcional a las demandas sociales, tener vínculos afectivos adecuados con los demás…
El narcisismo se da desde el primer año de vida de acuerdo al lazo afectivo que el bebé tenga con su madre y sus figuras de afecto. Si la madre da a su hijo vínculos emocionales basados en los apegos seguros, lo cual se complementa con un padre proactivo, empático con las demandas de su hijo y exigente con su pequeño para la interiorización de normas, adaptación a los distintos ambientes y adquisición de un lenguaje social, todo esto con acuerdos realizados con la madre, el pequeño tendrá como rasgo de personalidad un nivel saludable de narcisismo
Por otro lado, si el lazo afectivo del niño con sus figuras parentales, se caracteriza por la presencia de vacíos insoportables como consecuencia de apegos inseguros, el pequeño desarrollara un falso narcisismo que intentará compensar su baja autoestima.
El narcisismo funcional o disfuncional de la primera infancia, cobra otro significado en la edad entre los seis y los doce años. En esta edad se produce un adormecimiento de esta característica puesto que el objetivo se centra en formar amistades y ser parte de ciertos grupos –académicos, deportivos, musicales..- para el logro de ciertos objetivos.
Durante la adolescencia, se producen transformaciones neurobiológicas, sociales y psicológicas que ocasionan que la energía se vuelve a replegar hacía sí mismo, provocando un movimiento del narcisismo. Fenómeno que genera desequilibrios emocionales, poca anticipación de riesgos, una nueva visión del mundo, la des- idealización de las figuras parentales con la consecuente edificación de un nuevo conjunto de valores, metas e ideales. Igualmente, existen comportamientos poco normativos y agresivos debido a la poca tolerancia a la frustración.
Dichos transformaciones repercuten de forma directa en la conducta del adolescente. Empero, estas no tienen la capacidad de modificar, de manera sustanciosa, los rasgos de personalidad interiorizados en la niñez cuando han existido vínculos de apegos seguros entre el hijo y sus padres.
En este caso, el púber tiene la capacidad de controlar parcialmente sus impulsos narcisistas. Parcialidad que consiste en que puede adecuarse a un ordenamiento social, aprendiendo a posponer el cumplimiento de sus deseos o modificar estos en actividades socialmente aceptables.
El narcisismo manejado adecuadamente puede ser benéfico para el adolescente, puesto que permite otorgarle una importancia adecuada a sus deseos y proyectos, ocasionando la realización de un alto esfuerzo por conseguirlos, sin pretender pasar por encima de la integridad del otro.
Algo contrario ocurre, si el niño ha tenido un proceso de vínculos afectivos negativos con sus padres, y ha tenido inconvenientes para adaptarse a una norma social, desarrollara un falso narcisismo, el cual posteriormente en la adolescencia, podrá estar cercano a convertirse en un trastorno narcisista.
El adolescente con un falso narcisismo intensificado por sus transformaciones, procurará ejecutar todo lo que él quiera, sin mostrar controles internos o ningún tipo de empatía por el otro. Por esta razón, es factible que se produzcan comportamientos de violencia o acciones que demuestren escasas habilidades adptativas.