Depresión en la adolescencia.

La depresión, según el manual de psicopatología,  es un estado de ánimo que denota tristeza, melancolía,  desanimo, abandono, desamparo etc. Este estado dura al menos dos semanas e incluye síntomas cognitivos –sentimientos de poca valía e indefensión, indecisión, pensamientos recurrentes de muerte- , y funciones físicas alteradas –sueño, alimentación, perdida de energía y cambios abruptos de peso-.

Los síntomas de la depresión provocan malestares significativos o deterioro social, no se dan debido a los efectos fisiológicos de una sustancia –droga, medicamente- o de una enfermedad y son síntomas que no se explican mejor por la presencia de un duelo.

La depresión se caracteriza por el poco o nulo interés y capacidad para experimentar cualquier placer en la vida, incluidas las interacciones con la familia o los amigos, los logros a nivel escolar o laboral –la incapacidad para sentir placer se llama anhedonia-.

Los trastornos depresivos pueden estar acompañados de manifestaciones de placer absoluto frente a cualquier cosa, si es así se llaman trastornos maniaco depresivos. En caso que la depresión no este acompañada de manía, se denomina trastorno depresivo mayor.

Desde mi experiencia terapéutica, los adolescentes tienen cinco razones básicas para sentirse en un estado emocional depresivo: 1) La pérdida de la niñez y la no realización del duelo por esta vivencia. 2) El desequilibrio emocional producto de los cambios neurobiológicos, sociales y psicológicos. 3) Relaciones afectivas inadecuadas tanto con su ambiente micro –él mismo, familia- como con su ambiente macro –institución educativa, actividades extracurriculares..-. 4) Inconvenientes severos en cuanto al funcionamiento físico o emocional que no le permiten sentirse parte de determinado grupo –Problemas evolutivos de coordinación motriz, trastorno bipolar, déficit de atención con hiperactividad, coeficiente intelectual límite..-. 5) Alguna situación traumática actual –muerte de alguien importante, situación de abuso…-.

Los signos de la depresión en el adolescente, además de los anteriormente mencionados en los tres primeros párrafos de este escrito, se encuentran dados por los cambios en sus rutinas: problemas de sueño –insomnio o somnolencia-, transformación en los hábitos alimenticios, llegando incluso a la obesidad o desnutrición, dificultad para concentrarse, problemas para tomar decisiones.

Estos signos también se asocian a modificaciones en los comportamientos: desmejoramiento en el rendimiento escolar, acciones de alto riesgo –sexo sin protección, manejar a alta velocidad..-, deseo por pasar mucho tiempo a solas alejándose de la familia e incluso de los amigos, consumo de sustancias alucinógenas o inconvenientes en el consumo de bebidas alcohólicas.

En casos extremos, los adolescentes con depresión pueden tener ideaciones o intentos suicidas o algún tipo de brote psicótico. Actos que lo alejan del principio de realidad. Si se dan estos situaciones, los padres inmediatamente necesitan acudir a un psiquiatra para que proporcione manejo farmacológico, y además, a un psicólogo para que desarrolle un proceso terapéutico.

Las figuras parentales necesitan estar pendientes de su hijo adolescente para darse cuenta si él esta teniendo formas de concebir el mundo y/o conductas que pueden asociarse con estados depresivos y si esta teniendo características que atenten contra su propia integridad física y/o mental.

Si las figuras parentales no perciben que su hijo sea una amenaza contra sí mismo, pero sospechan que existe un componente disfuncional en la afectividad del menor, ellos requieren estimular y exigir que él desarrolle un proceso terapéutico para seguir conservando los beneficios que tiene.

Proceso terapéutico que permitirá que el adolescente, con el direccionamiento de un otro particular –profesional de la salud mental- se encuentre con su mismisidad, mediante el conocimiento e integración de sus rasgos manifiestos y latentes, lo mismo que su historia desarrollada antes y después de la adquisición del lenguaje. Historia caracterizada por vínculos afectivos particulares tanto con sujetos como con objetos.

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