En la mayor parte de las oportunidades, los vínculos afectivos y relacionales que las personas tienen unos con otros, están determinados en sus fundamentos, por la historia y los vínculos afectivos que ese individuo experimentó con su familia nuclear y/o figuras de apoyo, durante los ochos primeros años de vida.
De esta manera, se puede observar que el sistema relacional o afectivo es de naturaleza circular, salvo que haya habido un proceso terapéutico o una situación traumática que tenga una determinación más fuerte en el accionar del sujeto, que las vivencias ocurridas durante los ocho primeros años de vida.
Las bases emocionales y racionales que la persona posee, no impide que ella tenga aprendizaje emocionales o conocimientos asociados a la palabra, sino que determinará la forma de reacción ante situaciones que requieren una respuesta inmediata y/o afectiva. Algunas veces, estas acciones se generalizan con vivencias que el individuo interpreta como que atentan contra su integridad física y psicológica, pero que en realidad no tienen estos efectos tan extremos.
Este ciclo de repetición de los vínculos relacionales y afectivos no escapa al adulto mayor, quien presenta con sus hijos, lazos emocionales muy similares a los que presento con sus figuras parentales en los primeros años de vida, algo que se intensifica en la medida en que los adultos mayores vayan perdiendo la capacidad de memoria a corto plazo, velocidad de percepción o inconvenientes en el procesamiento de la información.
Dicho fenómeno puede ocurrir por el daño ocurrido en el neocortex, mas no en el sistema límbico en un proceso de envejecimiento normal, el cual no implique la aparición de alguna enfermedad neurodegenerativa –alzheimer, demencia frontotemporal demencias vasculares.
Recordemos que el neocortex es la parte cerebral que maneja las funciones del pensamiento –percepción, atención, memoria, lenguaje, razonamiento, toma de decisiones-, mientras que el sistema límbico regula las respuestas fisiológicas y emocionales –producción de emociones, memoria y aprendizaje emocional, sueño, apetito, conducta sexual, respuestas viscerales de lucha, miedo, huida-.
En otras palabras, en la medida que los padres tengan un proceso de envejecimiento, trasladan a sus hijos, de manera inconsciente, las emociones y afectividades que tuvieron con sus figuras parentales durante los primeros años, proceso que corresponde al manejo de afectos que el ser humano realiza de forma general.
Además de esto, el adulto mayor, al perder paulatinamente capacidades cognitivas, como su memoria a corto y mediano plazo, y su capacidad de percepción, transforma la realidad, sintiendo que los hijos son sus padres y convirtiéndose a él –adulto mayor- en hijo pequeño.
Rememoración de los primeros años de los padres, en los cuales ellos re significarán la historia que tuvieron con sus figuras parentales a través del vínculo con los hijos. En estos momentos, los padres dejan de ser personas independientes y comienzan a demandar el apoyo, el afecto y la atención constante de sus hijos, quienes son adultos jóvenes y/o adultos mayores.
De esta forma, los hijos, ahora convertidos en padres, recibirán de sus progenitores, ahora convertidos en hijos, las mismas necesidades de afecto, apego, atención y presencia de ellos, que tuvieron hace muchos años, por lo cual esta es una oportunidad que los hijos tiene en el mejoramiento de la relación con papa y mama, y oportunidad para modificar la relación que ellos tuvieron con sus figuras parentales.
El vínculo afectivo para ser funcional entre los nuevos padres y los nuevos hijos, se dará, cuando no existan daños cognitivos drásticos en los adultos mayores, con conductas afectivas continentes, respetuosas y de acompañamiento constante, tal como se refirió en el escrito anterior.
Estos comportamientos deberán producirse de forma permanente, de manera que el adulto mayor confíe en la presencia y atención persistente de sus hijos, algo que influenciara en la tenencia de una autoestima equilibrada, en sus deseos de vivir y en la conservación de sus diferentes capacidades.
En el momento en que los progenitores comienzan a perder sus capacidades de mantener su pensamiento en la realidad, los hijos se deben transformar, además de dadores de contención y acompañamiento emocional, en figuras que deben asumir el control y la normatividad acerca del adulto mayor.
Normatividad expresada en manejar sus horarios, su alimentación, los diferentes hábitos que debe tener y decisiones que requiere tomar. Preceptos que se deben dar atendiendo un consenso entre todos los hijos, sin ningún tipo de maltrato y con la atención de diversos profesionales en caso que se necesite.
Este es un escrito que tiene dos propósitos fundamentales: El primero de ellos es formar en diversos componentes que permitirán profundizar en conceptos y variadas realidades psicológicas, así como mejorar la salud mental del individuo y del grupo familiar. El segundo objetivo es promocionar mi consulta clínica de forma virtual y presencial, ambas se pueden solicitar al celular 320 6919221