Padres ausentes en la niñez.

Diversas situaciones cotidianas pueden originar que los adultos falten parcial o totalmente en la ejecución de sus funciones como padres: Excesivo trabajo o cambio de ciudad por motivos laborales de los padres dejando a su hijo en la ciudad de origen con la custodia de sus abuelos, problemas entre las figuras parentales –la persona quien ejerce la custodia no le permite al otro compartir tiempo con su hijo-, irresponsabilidad de alguno o los dos padres.

Respecto de las dos primeras situaciones nombradas anteriormente, los efectos de esta ausencia para el niño se caracterizan porque él adquiere sus primeros y más significativos vínculos emocionales con otras personas, algunas de ellas no se encuentran preparadas o no cuentan con las herramientas psicológicas suficientes para esa labor.

En efecto, cuando uno de los padres labora en demasía, mientras el otro es emocionalmente o físicamente ausente, los abuelos del niño, las empleadas domésticas, o incluso los vecinos, empiezan a reemplazar a esa figura parental –padre o madre- trabajador puesto que él/ella sale a sus labores diarias antes que su hijo se despierte y retornan a su hogar a una hora en la noche en la cual el pequeño se encuentra descansando.

Dicha situación también ocurre algunas veces en que existen padres separados, con uno de ellos emocionalmente ausente mientras el padre que tiene la custodia cambia de ciudad o de país para desarrollar un proyecto laboral. En este caso, el menor se queda con los abuelos quienes ejercen “momentáneamente” la labor de formadores.

Particularmente en estos dos casos, el niño pequeño no valora que su padre  o madre realicen un gran esfuerzo por la familia, algo que permitirá ofrecer mayores posibilidades para la adquisición de bienes, y por ende, para la supuesta generación de felicidad. El menor de primera infancia no tiene la capacidad cognitiva para llegar a este análisis y sus puntos de vista se mueven por su emocionalidad.

Este pequeño percibirá que su padre o madre no están, tomando esta ausencia como una muerte en los primeros ocho meses de vida –proceso natural puesto que no tiene la noción de conservación de objeto-, y después de esos meses interpretando esto como el deseo del adulto faltante por no compartir suficiente tiempo con su descendiente.

Sentirse de esa forma  tiene un efecto devastador sobre su autoestima, dejando un vacío inmenso, el cual es tratado de llenar por sus abuelos u otras personas cercanas al niño de forma disfuncional, puesto que debido a sus incapacidades emocionales para formar en esa época de su vida o formar a niños que no son propios, se convierten en agentes muy permisivos para el menor.

Al sentir este vacío, el menor concibe que no es suficiente para los adultos, tratando de neutralizar este sentimiento cerrándose emocionalmente. En este punto, el niño reprime sus estados afectivos, creyendo que es una persona autosuficiente, lo cual se intensifica con la condescendencia y laxitud de la educación de los abuelos o de las otras personas externas.

Debido al abandono emocional de los padres hacia su hijo, producto del exceso de trabajo o del cambio de ciudad con fines laborales, los adultos que se encuentran alrededor del niño, crean una gran culpabilidad que se traduce en ofrecer al menor demasiada contención, gusto en la mayor parte de sus deseos y poca normatividad.

Los cuidadores empiezan a tratar a los infantes como iguales o casi iguales, ejerciendo con ellos conductas disfuncionales respectos de la separación que debe existir entre adultos y niños -contándoles con profundidad los pormenores de su vida sin establecer téminos, llevándolos a cualquier sitio sin delimitar un espacio de privacidad para ellos mismos, no estableciendo exigencias…-.

Esto genera consecuencias en el niño asociadas con  inconvenientes para interiorizar las jerarquías de autoridad, y por ende para respetar las normas. El menor con este contexto de crecimiento se puede convertir en una persona desafiante e irrespetuosa de los adultos y de las personas que simbólicamente se encuentran por encima de él –profesores, policía, o cualquier figura adulta o de autoridad-.

Algunas veces, estas acciones desafiantes e irrespetuosas solo se logran visualizar a partir de la pre-adolescencia puesto que en esta época las hormonas sexuales se despiertan y comienzan a afectar el accionar individual, incentivando problemas en la adaptación y seguimientos de normas a púberes que no han tenido interiorizados estos comportamientos en sus primeros años de vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *