Padres demasiados presentes en la niñez.

Los padres funcionales deben cumplir a cabalidad la totalidad de los derechos de sus hijos –nombramiento, posibilidad de acceder al sistema educativo y de salud, ofrecimiento de un ambiente psicosocial estructurado y equilibrado, lo mismo que de espacios  culturales, de diversión y esparcimiento…-, permitiendo de esta manera el desarrollo de los menores en las facetas física, cognitiva, afectiva, adaptativa y de lenguaje.

Dicha funcionalidad solo es posible cuando los adultos pueden ejecutar simultáneamente su labor concerniente a la parte emocional –dar contención, enseñanzas de competencias blandas..- y de exigencias tanto en la adquisición paulatina de logros, incluido el lenguaje y en la interiorización de una normatividad social.

Empero, algunos padres exageran en su deseo de ser funcionales, convirtiéndose en lo opuesto –disfuncionales- puesto que pretenden participar con exageración en la totalidad de los grupos y actividades de su hijo, sin permitir que él desarrolle habilidades al tener que enfrentar algunos estímulos por sí mismo, los cuales no son tan amenazadores como para afectar sus funciones vitales o tranquilidad pero generan insatisfacción.

Muchos padres se involucran desmesuradamente en las acciones de su hijo  no permitiendo que el pequeño tenga por sí mismo logros, y mucho menos fracasos, de manera que no se desarrolla su sentido de sí mismo, autoconocimiento y tampoco podrá formar competencias asociadas con tolerancia a la frustración, trabajo en equipo, orientación al logro, entre otras.

Adicional a esto, un porcentaje significativo de figuras parentales que se involucran desmesuradamente en los actos de su hijo, también cumplen la mayor parte de sus deseos, estimulando que los menores quieran o pidan algunas cosas que no tenían en mente, y pretenden conocer la totalidad de sus pensamientos y sentimientos, no incentivando la privacidad que el menor debe tener en algunos aspectos.

Los padres invasivos pueden tener problemas en la separación emocional con su hijo, sea porque quisieran revivir su propia niñez a través de la de su descendiente o porque tienen conceptos disfuncionales acerca de su papel como figuras parentales, creados por un vínculo insano con sus propios padres.

El padre o madre que se introduce de forma muy acentuada en la vida de su pequeño, demuestra una intensa empatía, pero actúa como si tuviera sus mismas necesidades, por lo cual no ofrece refugio a las emociones negativas del menor, en caso que él no pueda conseguir algún logro.

Al no tener una contención efectiva de sus padres, el niño la podrá encontrar en su vida imaginaria o en variados comportamientos disfuncionales como el desmedido uso de la televisión,  juegos.. y no intensificará las competencias emocionales puesto que no existe una sana relación con los adultos.

Examinando la historia de vida de los padres que se comportan de esta forma tan sobreprotectora con sus hijos, se concluye que no han tenido una interiorización sólida de un ambiente funcional puesto que no tienen su sentido crítico acerca de lo nocivo que resulta para su hijo pequeño la crianza que ellos están implementando.

Crianza asociada en que los padres frenan a su hijo para la adquisición de cualquier tipo de resultado por él mismo, supeditando esto a la presencia de uno o los dos adultos. Esta acción desmotiva al infante en su curiosidad o interés por explorar o conocer personas, fenómenos u objetos, puesto que no existe una estimulación adecuada para ello, antes por el contrario, es algo que desarmoniza el ambiente familiar.

Además de la escasa curiosidad por explorar y realizar cosas por sí mismo con el propósito de no desarmonizar a sus padres, el niño no tiene  muchas inclinaciones por alejarse de ellos, porque no siente vacíos o faltas. Todas las cosas que desea son concedidas por los adultos, de manera que no existen deseos por aprender.

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