Direccionar el deseo.

Uno de los aspectos importantes en la inteligencia emocional tiene relación a la adquisición de la capacidad para lograr una motivación propia en las distintas facetas de la vida. Motivación que solo es posible en la medida en que se conozca la direccionalidad de los deseos personales.

De esta forma, conocer las características del propio deseo es el primer paso que permite la realización de determinadas tareas o actividades que satisfacen a la persona desde el punto de vista de movilizar sus emociones internas, y que permitirá más adelante compenetrarse con la labor de tal modo que pueda llegar a dar su máximo rendimiento, sin dejar de tener un punto de vista crítico respecto de los resultados, los procedimientos o la naturaleza de la acción.

El deseo individual es algo que se trasforma a través de los años. Transformación que depende de la interacción entre factores internos del sujeto –estructuración de su personalidad, características personales como edad o sexo, factores genéticos y funcionamiento cerebral- con factores externos –relaciones afectivas, contexto socio-cultural, contexto educativo-.

Debido a la transformación del deseo, este puede presentar cierto grado de dificultad para su identificación y seguimiento. Dificultad que se logra disminuir en la medida en que los padres y los agentes formativos –escuelas, medios de comunicación etc-, fomenten en los niños y adolescentes hábitos para cuestionarse, conocer y desarrollar actividades que correspondan a iniciativas propias y no a presiones de los demás.

Desde que el ser humano se encuentra en la etapa de la primera infancia, más exactamente antes del cumplimiento del primer año de edad, las figuras parentales deben permitir que su hijo conozca diferentes ambientes e interactúe con distintos objetos y personas, algo que permitirá que él empiece desarrollar sus capacidades cognitivas y a conocer sus gustos o motivaciones.

Al principio, esta interacción será en presencia de las figuras parentales, lo cual permitirá que el niño genere el gusto por conocer, sin que sin que tenga angustia por sentirse abandonado.  Tras este primer acercamiento con los objetos y/o ambientes en presencia de los padres, ellos empezarán el juego de ausencia-presencia, permitiendo que su hijo confíe en el retorno de ellos, y por ende centre su atención en el conocimiento del mundo externo y en el conocimiento de sí mismo alrededor de las nuevas informaciones adquiridas.

Antes que el niño adquiera el lenguaje, los padres “prestarán las palabras” al infante para verbalizar las nuevas informaciones y las emociones del niño a partir de estas, emociones que se podrán leer de las observaciones de los gestos, los movimientos corporales o los sonidos.

En la medida que el hijo demuestre mayor independencia, las figuras parentales lo podrán introducir en diversos grupos formativos, de acuerdo a sus intereses mostrados en los primeros años –pintura, deporte, literatura etc, algo que sirve para el mejoramiento de habilidades en cuanto a la tarea específica, desarrollo de las capacidades de socialización y el direccionamiento del propio deseo.

Con la agrupación a grupos formativos, los niños entre cuatro y siete años, conciben el deseo por la actividad como algo propio y no como el deseo de sus padres, o pueden comunicar a sus figuras parentales su escaso gusto en esa actividad, con lo cual ellos deberán incrementar sus habilidades para conocer a su hijo y descubrir cual son sus mayores motivaciones.

En caso que este deseo propio del hijo en su primera infancia, se modifique drásticamente, mamá y papa deben estar pendientes de las razones por las cuales paso esto, con el objetivo de poder ofrecer respuestas a los cuestionamientos de su hijo acerca de la transformación de estos deseos.

El proceso de las figuras parentales como facilitadores del descubrimiento de los deseos de los hijos empieza desde el primer año pero nunca termina. Este es un proceso que permite incrementar el lazo afecto intrafamiliar, y permite que el hijo desarrolle habilidades de autoconocimiento.

Cuando el hijo, en las distintas épocas de su desarrollo, construye y direcciona su deseo, a partir de la sana interacción con sus padres, él incrementará su inteligencia emocional, y por ende tendrá más posibilidades de relaciones afectivas funcionales y de encaminar sus esfuerzos en actividades productivas socialmente y en actividades que signifiquen aquello que él es como persona.

Este es un escrito que tiene dos propósitos fundamentales: El primero de ellos es formar en diversos componentes que permitirán profundizar en conceptos y variadas realidades psicológicas, así como mejorar la salud mental del individuo y del grupo familiar. El segundo objetivo es promocionar mi consulta clínica de forma virtual y presencial, ambas se pueden solicitar al celular 320 6919221

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