Desarrollo de la productividad en adolescentes.

La productividad en el adolescente necesita estar amarrada con sus obligaciones –responsabilidades dentro de la casa y en el ámbito familiar, rendimiento en su institución educativa..- y con la implementación de las acciones formuladas en un proyecto de vida, el cual será motivado por sus padres puesto que se convierte en una actividad que los une.

Acerca de este proyecto de vida, el adulto requiere inculcar su importancia desde que el hijo accede al periodo de la pre-adolescencia puesto que en esta época su conducta y pensamiento comienza a separarse del deseo de sus padres para vincularse con el deseo de un otro social –grupo de pares-.

Al hacer una comparación entre el interés de sus figuras parentales con el de sus pares, el niño mayor de ocho años puede profundizar un poco más en la consciencia de su mismidad, permitiéndose de esta manera la posibilidad de ejecutar un diagnóstico más objetivo junto al planteamiento de planes de acción alcanzables.

Los adultos más cercanos al adolescente sabrán de que se trata aquello que él se ha planteado, acompañándolo en sus esfuerzos, proporcionando ánimo en los momentos en que el menor lo requiera y orientándolo en los diversos cuestionamientos sobre las formas más éticas y eficaces de conseguir resultados positivos.

De este modo, cuando el adulto se dé cuenta que el adolescente ha cumplido sus objetivos, puede estimularlo para que se arriesgue a plantearse unos con mayor nivel de dificultad, por lo cual ha de generar ciertas modificaciones en la manera en que llegara a ellos.

Por el contrario, cuando el menor se decepcione porque no ha conseguido lo que se plantea, el adulto estará en ese punto para dar su aporte en su sostenimiento emocional. Este aporte será complementado por el desarrollo que el adolescente tenga de la competencia de tolerancia a la frustración.

El adolescente se puede dar cuenta, y los padres pueden recalcar, que los resultados óptimos en sus actividades, o por lo menos el esfuerzo involucrado en estas acciones, crearían en los adultos la idea que su hijo es responsable, produciendo el otorgamiento de mayores privilegios –horarios de permiso, acciones que puede hacer solo..-.

De esta manera, el adolescente interioriza el concepto acerca que la productividad es una competencia que lo acerca emocionalmente a sus padres pero también permite que alcance la autonomía de ellos puesto que lo introduce en un ambiente en que adquiere una identidad particular tanto por su responsabilidad como por su desempeño sobresaliente en las diferentes actividades y no por ser hijo de.

El adolescente comienza a significarse de otra manera. Una forma con mayor cercanía a su futura adultez, lo cual necesita ser aplaudido por los padres, a la vez que requiere ser orientado en algunas instrucciones prácticas para la intensificación de su productividad.

Adicional de los esfuerzos que los padres ejecuten para el desarrollo de la productividad en su hijo adolescente, esta se crea a partir del modelamiento positivo de los adultos. En efectos, los sujetos entre 12 y 18 años se identifican y adoptan para sí mismos, las respuestas que observan de papa y mama respecto de las diferentes maneras de ser productivos en su ambiente laboral, familiar, social o de pareja.

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