
El término madrastra significa la nueva pareja sentimental del padre. En anteriores épocas, esta figura se significaba naturalmente dentro del contexto familiar puesto que un porcentaje alto de mujeres se morían al dar a luz. El hombre se sentía imposibilitado para educar a sus hijos solo, teniendo necesidad de organizarse con alguna mujer.
Dicha persona, aunque necesaria para el crecimiento adecuado de los niños, fue significada despectivamente por la cultura, especialmente por los pequeños, quienes la visualizaban como una figura con comportamientos negativos. Acciones que incluían maltrato y envidia ante la juventud y belleza de sus hijastras.
En el cuento de hadas de Blancanieves, la madrastra, quien para evitar la posibilidad de ser interpretada como una buena mujer, es remarcada por el autor como bruja, desea ser más bella que su hijastra, lo cual permite inferir su necesidad para reafirmarse, de competir con alguien que se encuentra en un nivel jerárquico inferior.
En este instante, la madrasta tiene un procesamiento interno disfuncional, o sea que atenta contra su equilibrio emocional. El interés por reforzar su belleza puede significar su inseguridad por sentirse menos atractiva y preferida que su hijastra ante los ojos de su esposo.
La madrastra no puede superar que su esposo, representado en el espejo, diga que la hijastra posee mayor belleza, por lo cual lo rompe, demostrando de esta manera escasa tolerancia a la frustración. Al mismo tiempo, pretende ser igual que una joven, no admitiendo el paso del tiempo.
Fuera de este deseo, la madrastra ejerce un comportamiento patológico puesto que envía a un cazador a matar a Blancanieves, y no logrando su cometido, uso su magia para engañar a su hijastra e intentar matarla dándole una manzana envenenada. El deseo no se transformó en un acto culturalmente permitido a pesar que se encuentra en contravía de una norma social
De acuerdo a la manera despectiva que lo social ha sentido a la madrastra, el niño al oír que sus padres le cuentan los pensamientos y vivencias malvadas de este personaje, siente con bastante intensidad emociones negativas. Sin embargo, este sentir no produce culpabilidad puesto que ella es una bruja y actúa como tal.
Los niños, especialmente la niña, se encuentran en un estado de tranquilidad y proyecta en la madrastra la significación negativa que tiene hacia la madre, cuando esta figura imposibilita la realización de sus deseos, cuando el pequeño siente que la adulta no ha sido suficientemente continente con sus necesidades o cuando la hija menor siente que su madre se interpone para que ella tenga un vínculo más cercano con su padre.
La hija siente, aunque muchas veces no lo reconozca, que su madre compite con ella en cuestiones que toman diversa forma –belleza, inteligencia..- pero que se refieren a lograr la predilección del padre de la niña, quien simultáneamente es esposo de la madre.
Del mismo modo, la hija concibe a la madrasta como alguien que puede implementar cosas indebidas –eliminarla- para conseguir sus objetivos, los cuales se producirían cuando el espejo, quien simboliza a su pareja, acepte que ella es superior en la totalidad de aspectos.
Haciendo esta disociación entre madre buena y madrastra mala, lo hija esta en capacidad de resolver su conflicto edípico de una forma más sencilla y más sana, puesto que no tiene culpa al odiar a la madrastra, caso contrario a lo que pasaría si este personaje fuera la madre. En este caso, las emociones negativas se transformarían en complejas, inaceptables y contradictorias para poderlas manejar.
En el cuento de hadas referido en este texto, Blancanieves enfrenta el conflicto con su madrastra, dejando la casa, uniéndose a un grupo de enanos y buscando el amor en otra parte diferente a su hogar, parecido a la conducta de una niña en su pre-adolescencia, quien se agrupa en colectivos y se apertura a un lazo de pareja.
El autor piensa que existe mayor grado de probabilidades que la hija pueda resolver su conflicto con la madre, si puede tramitar las emociones negativas hacia ella, mediante la proyección de su realidad en un cuento de hadas, y no mediante una confrontación directa con la adulta en caso que no existiera esta herramienta ligada a los simbolismos.
Además de esto, la niña teniendo contacto con el simbolismo de los cuentos de hadas, podría asimilar emocionalmente que los rasgos positivos y negativos es algo inherente a su personalidad, por lo cual tiene que aprender a crear formas para poderlos integrar.